Mundial Juvenil 2001: un remanso en la tormenta

En medio de una gran crisis política y social, Argentina fue sede del Mundial Sub 20 y obtuvo su cuarta Copa del Mundo. El fútbol, una vez más, como oxígeno ante un hartazgo generalizado. 

José Néstor Pékerman con su tercera copa del Mundo

Por Mauro Basiuk

Uno de los pocos hechos a recordar, con un gesto de alegría, de la vida argentina en 2001 fue generado por la Selección Juvenil de Fútbol Sub 20. El conjunto dirigido por José Néstor Pékerman ganó el Mundial de su categoría por cuarta vez, pero con el plus que la conquista se produjo jugando de local entre mediados de junio y principios de julio de aquel año.

Se trataba del inicio de otro invierno difícil. La opinión pública se debatía entre el Gran Cuñado de Videomatch y los límites (o no) de la sátira al Presidente Fernando De La Rúa, el futuro de Aerolíneas Argentinas, un índice evanescente llamado Riesgo País, y las protestas, cada vez más recurrentes, de los movimientos sociales. Como un delgado telón futbolero se filtraban las dudas en la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), por razones de seguridad, para presentar a la Selección Mayor en la Copa América a disputarse en Colombia.

MUNDIAL Y COYUNTURA

 “Y ya lo ve/ y ya lo ve/ el que no salta es un inglés” era el grito remanido entre el grupo de simpatizantes reunidos en el Obelisco, termómetro unitario de las consagraciones albicelestes desde 1978. Con réplicas leves en otros puntos del territorio federal, los festejos se sumaron a las cerca de 50 mil almas que habían llenado el Estadio de Vélez Sársfield el domingo 8 de julio de 2001.

—Usted tenía recién toda la estadística de los mundiales anteriores en los que participó Argentina. ¿Lo sigue a Argentina?—preguntaba el movilero de TN a un festejante.

—Lo sigo a Argentina. Sigo a la Selección. Primero con Diego Maradona, después con Ramón Díaz que salió goleador y ahora con Saviola, el pibe de oro… ¡Vamos Saviola vamos!-contestaba con la voz subiendo de tono el hincha mientras se acercaba al micrófono de la señal de noticias.

—¿Pudo verlo el partido?-

—Lo pude ver acá en el Obelisco. Pero muy contento porque es una alegría que le hacía falta al pueblo argentino de tantas desgracias que tiene esta Argentina. ¡Vamos Selección!

—Escúcheme es el último partido de Saviola acá en Argentina.

—Mirá, Saviola vale mucho más de lo que lo quieren comprar. Es el pibe de oro.

Al día siguiente, feriado nacional, tres cuartos de la portada de Clarín estaban dedicados a la conquista compartiendo el espacio frontal con otras urgencias: “Cavallo ratificó la paridad y busca bajar el gasto en dos mil millones”, titulo que preanunciaba un nuevo ajuste. Llegaba después de una semana cargada de rumores en torno a la continuidad en el Gobierno del tandem conformado por De La Rúa y su Súper Ministro de Economía, decididos a ir por los fondos públicos, con recorte del 13% para sueldos de empleados estatales incluido. “El Estado limita sus gastos: sólo pagará con lo que se recaude”, era el modo con el que el gran diario argentino presentaría, el 12 de julio, el programa “Déficit cero” a sus lectores.

La tapa del diario Clarín tras la obtención de la Copa. PH: colección Tinta en el ojo

En ese marco, tres días antes, como contracara, la actuación del Juvenil asomaba como un remanso. “El Juvenil le dio una alegría al país” era la frase que acompañaba la foto del plantel con la Copa y cantando, erigidos como ejemplo posible de “talento, humildad y esfuerzo colectivo” en un momento surcado por la desesperanza y la falta de inventiva para gambetear un abismo cada vez más palpable.

LUJOS Y CONTUNDENCIA

En una competencia que contó con la presencia de futuras estrellas como el brasileño Adriano y el marfileño Djibril Cissé, la decimotercera edición del Mundial Juvenil Sub 20 se disputó, por primera vez, en el país entre el 17 de junio y el 8 de julio de 2001. Según la estimación posterior concurrieron a los estadios 516253 personas distribuidos en los 54 partidos que se disputaron en seis sedes: Buenos Aires, Mar del Plata, Rosario, Córdoba, Mendoza y Salta, ciudad capital donde se inauguró el Estadio Padre Ernesto Martearen.

“El Juvenil, otra vez, fue contundente y lujoso. Y conquistó el título de manera brillante. Saviola, el goleador, fue elegido el mejor del Mundial” sintetizaba la bajada en la portada del mismo Clarín pero ya en el interior, en su suplemento Deportivo. La foto principal del Conejo subido a “babucha” sobre Andrés D’Alessandro, servía como broche de oro antes de que el delantero de River Plate decidiese continuar su carrera, con 19 años, en suelo español, en el Barcelona de Rivaldo y Patrick Kluivert, entre otros artilleros de peso. Se iba con un récord que permanece vigente: con once anotaciones es el máximo goleador de los mundiales juveniles Sub 20.

El conejito Saviola fue la gran figura del Mundial. Foto: colección Tinta en el ojo

Tanto Saviola como el Pipi Romagnoli, campeón con San Lorenzo ese año; Diego Colotto, el único que jugó los siete partidos; Leonardo Ponzio o nombres con presencia posterior en la Selección Mayor como el arquero Wilfredo Caballero, Nicolas Burdisso o Maximiliano Rodríguez jugaron aquella tarde en el Amalfitani. Además estaba Fabricio Coloccini, capitán del equipo, que no pudo ser parte de los once por doble amonestación: “Sufrí mucho viendo el partido desde afuera, pero apenas terminó me sentí como si hubiese jugado. Festejé como si hubiese sido titular”, declaró el ruliento defensor, también campeón azulgrana ese año.

Según la estimación concurrieron a los estadios 516253 personas distribuidos en los 54 partidos que se disputaron en seis sedes: Buenos Aires, Mar del Plata, Rosario, Córdoba, Mendoza y Salta.

En tanto, otro que tuvo que vivir los noventa minutos decisivos detrás de la línea de cal fue Alejandro Domínguez. Pese a jugar apenas 36 minutos en el certamen, lesionado en su tobillo derecho en el partido de Cuartos de Final, El Chori ingresó con muletas a la cancha y una remera con la inscripción “Gracias x darme fuerza” para festejar y recibir la ovación del público. “Podríamos empapelar dos habitaciones con los mensajes (de aliento) que le mandaron” contaba Ana, la madre del pibe de San Francisco Solano,que, tras ser lesionado en su tobillo, tuvo que ser operado recibiendo, como aliento principal, un llamado telefónico de Diego Maradona en una charla que se extendió durante ochenta minutos. 

El Chori Domínguez, lesionado en plena cita Mundialista, con la Copa

FINAL DE CICLO

Como se mencionó el de 2001 fue el cuarto Mundial ganado por el Juvenil Sub 20 y el tercero bajo la conducción técnica de José Pekerman, tras Qatar 1995 y Malasia 1997. Al igual que en Japón 1979, el torneo restante, la Selección ganó todos los partidos que disputó (un logro compartido solo con la selección de Brasil campeona en 1985). Fueron siete triunfos, uno más que en aquel inolvidable combinado con Maradona y Ramón Díaz como estandartes: tres en fase del grupo A frente a Finlandia (2-0), Egipto (7-1) y Jamaica (5-1) y cuatro en los mano a mano contra China (2-1), Francia (3-1), Paraguay (5-0) y Ghana (3-0). La final ante el equipo africano no hizo más que certificar la superioridad en goles y en rendimiento de los fabulosos Pekerboys en su mejor versión tras el traspié en Nigeria 1999.

“En horas nomás se escucharán los ladridos de otro ovejero alemán que alborotará la calma de su casa de Hurlingham. El nombre quedó oficializado ayer, a las 17:41, cuando el árbitro español Mejuto González dio por terminado el partido. Pero en realidad la familia Pekerman lo venía palpitando desde mucho antes. Se llamará Argentina. Y se sumará a las travesuras de Qatar y Malasia, los otros dos perros que llevan el nombre de los países donde José también dio la vuelta olímpica, en el 95 y en el 97” describía el periodista Miguel Angel Vicente la intimidad del entrenador quien sumaba perros a la par de copas, lejos del perfil del hombre que había llegado a los Juveniles “por una ventana en la primavera del 94”

Sería así su última coronación al mando del Juvenil y el cierre de una era única por sus logros y por la generación de jugadores surgida en ese período. A mediados de 2004 a Pekerman le llegaría su oportunidad para dirigir la Selección Mayor, en reemplazo de Marcelo Bielsa y se alejaría definitivamente luego de la amarga eliminación por penales en el Mundial de Alemania 2006. Por entonces, uno de sus laderos, Hugo Tocalli siguió trabajando con los planteles que obtendrían el Mundial de los Países Bajos en 2005 (con Francisco Ferraro en el banco) y el de Canadá 2007, además de obtener la clasificación para los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, con Lionel Messi y Sergio Agüero como figuras: dos que en breve probarán suerte en el mismo club que recibió a otro pibe de oro allá por 2001.

Un espejismo en un año que terminaría con la gente ya no en los estadios sino en las calles exigiendo una salida institucional para un Ejecutivo sin talento, humildad ni margen para exigir un nuevo esfuerzo colectivo a una sociedad harta ya de soportar los cambios tácticos en una estrategia recesiva.

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