El curioso caso de Sportivo Penal

La vertiginosa historia de un pequeño club que conquistó el mundo para asombro de un planeta. La gloria alcanzada desde los once metros desde el corazón del barrio porteño de Pompeya.

Por Ezequiel Del Bueno

 

Sportivo Penal lo hizo: tocó el cielo con las manos. Le ganó por la vía de los doce pasos al Atlético de Madrid y fue campeón del Mundo a nivel clubes.

¿Usted lo imaginó? Yo tampoco, pero repasemos la historia.

Nadie pensaba que Adolfo Grittoni hubiera logrado tanto. Primero fue el ascenso a la B Sobornal desde la B Sobornitana, luego la llegada a Primera a puro tiro desde la pena máxima, incluyendo la final con victoria ante Cerveza FC.

Luego llegó el turno de consolidarse en la A, una campaña de mitad de tabla con 12 penaltis en su haber y todos convertidos por él. Sí, claro: Uriel Ávila siempre se caracterizó por ser un especialista en definir desde el punto blanco.

Pero la segunda Copa de la Hipercopa (el nombre oficial del torneo) fue mucho mejor. Allí Sportivo entró en la leyenda, lo ganó de punta a punta. De penal a penal: como el nombre de la institución lo indica.

18 penas máximas a favor en 16 fechas, dos definiciones originadas en los 12 pasos para eliminar a Independiente (4tos de final) y Racing (en semifinales). A todo eso súmele esa inolvidable final contra River, sí: el River de Gallardo, nada menos.

¿Me va a decir que se olvidó? Se lo recuerdo entonces. Un 5-4 imposible de olvidar, goleaba 4-1 el Millo hasta que pasó lo imposible de pronosticar. En 15′ cuatro penales a favor del conjunto de Sportivo le dieron vuelta a una final insólita. El último a los 56′ del complemento y por una falta inexistente y un metro afuera del área. Pero bueno, Ávila se hizo héroe de nuevo y la final entre albirrojos fue para Sportivo Penal. Imposible describir la locura de ese puñado de hinchas que arrojaban billetes como forma de festejo mientras los riverplatenses corrieron al referí hasta el aeropuerto (o casi).

Pero las fotos de la vuelta olímpica y el presidente del club, Cesar Ávila en la cabeza de las celebraciones nadie las olvida. Sportivo tenía vuelo internacional, y hacia allá fue.

Para la Copa Libertadores, la Confederación Sudamericana de fútbol estableció un nuevo sistema de revisión de jugadas, el SAR (Sportivo Ayuda Referee) que servía para que los jueces supieran cuando podían ayudar al club porteño.

Así pasó de un pitazo la fase de grupos: 13 goles en seis partidos (7 de penal) y llegó el turno de los mano a mano: dos empates sin goles con Cerro Porteño y 5-4 desde el manchón blanco. Los cuartos de final lo llevaron a Montevideo, 1-0 fue el triunfo con Ávila goleador desde el punto de penal, en una acción que el SAR le marcó al referí brasileño Alcides Do Corrupçao.

La revancha en el estadio «César Ávila» dejó poco, el local bien plantado y Peñarol desesperado. Los «Manyas» se quedaron con 10 a los 12′ de la etapa inicial por un supuesto insulto del capitán al juez de línea y desde ahí se fueron mentalmente de las acciones. Marcador en blanco y locura penalera: ya estaban entre los cuatro mejores del continente.

Las semifinales tuvieron ese acento argentino que le dan algo tan especial a estas instancias. El duelo ante Boca dejó 180 minutos de nervios, gritos, faltas, empujones y discusiones previsibles. No hubo tantos, por ello otra vez a definir por vía rápida, la especialidad del Sportivo. 5-3 la definición y éxtasis absoluto, la foto con Grittoni tirándose de palomita al piso fue la imagen que recorrió el continente, Asunción esperaba en la final; Palmeiras también.

Fueron 95′ de drama total, ante un Defensores del Chaco repleto, los paulistas abrieron el marcador a los 12′. «No vamos a dejar que nos manejen el partido», declaró en la previa el DT brasileño. Llegó tarde, a los 30′ del primer tiempo, Caio Alessandro vio la roja por un presunto pisotón que solo vio el SAR, y allí se abrió el panorama para los argentinos.

En el arranque del complemento, tras una serie de rebotes llegó la igualdad, muy protestada por los paulistas, debido a un offside evidente, pero la tecnología lo desechó. En el tumulto fue expulsado otro hombre verdilblanco, 11 versus 9 y panorama abierto.

Sportivo insistió por todos lados, hasta que a los 93′ un centro llovido sorprendió a los canarinhos. Un delantero del team argentino quedó solo con el arquero, que salió a cortar y le sacó la pelota de los pies antes de rematar, pero el juez paraguayo Roque Gracias Soborno hizo sonar de manera estridente su silbato y con el dedo anular de la mano izquierda señaló la ejecución penal. Uriel Ávila se hizo cargo (obviamente) del tiro más importante de su carrera y disparó fuerte al medio, mientras el golero eligió irse al palo izquierdo. «Sportivo de América», «De Penal para el mundo» fueron algunos de los títulos que llovieron poco después. La gloria americana era toda de Sportivo, el «Señores dejo todo/ voy a patear penales» sonó bien fuerte en Paraguay y su eco se expandió por todo el continente.

 Y sí, hace diez años nadie creía que este pequeño club, fundado por un puñado de voluntariosos vecinos del barrio de Pompeya, podía estar bajo los ojos del mundo. Del fango del ascenso a los lujos del hotel en Emiratos Árabes, así: sin vueltas.

Avión mediante, el Golfo Pérsico encontró al plantel en el Mundial de Clubes, ni el más delirante lo habría imaginado en sus sueños. Un viaje increíble, al desierto y los lujos de esa nación petrolera.

El torneo venía agitado, el campeón europeo se negó a viajar, el Ajax holandés desistió de participar por la situación política en Medio Oriente y a disgusto por la definición del torneo sudamericano.

Los dirigentes holandeses anunciaron en rueda de prensa, con el plantel y cuerpo técnico detrás suyo, la decisión de no concurrir al «Mundialito», por lo tanto, el invitado sería el perdedor de la final de la Champions: el Atlético de Madrid, que cayó sin atenuantes por 3 a 0 en el partido definitorio, disputado en Zagreb.

Una Doha despampanante deslumbró al plantel argentino, que rápidamente puso en la mora al primer objetivo: otra sorpresa. El Obiang Athletic de Guinea Ecuatorial era el primer escollo. El campeón africano había dejado en el camino a los Tecos de Guadalajara mexicanos. Y no hubo mucha resistencia: 2 por 0 para los argentinos sin mayores problemas. La final y el Aleti aguardaban.

150 hinchas viajaron al corazón de Asia para ver a sus amados colores luchar por conquistar el mundo. Mientras los españoles no terminaban de entender cómo estaba ahí ese cuadro que desconocían.

Ese sábado a la mañana, César Ávila recorrió las habitaciones del hotel de lujo dónde concentraba el plantel y habló uno por uno con ellos, luego en la charla técnica, el DT repasó conceptos e insistió en pensar en el esfuerzo, el trabajo y el dinero gastado hasta llegar a esa instancia, la más linda (y a la vez) la que más presión ejerce.

El arranque del partido fue como bailar en el Titanic, la zozobra eterna. Los de Simeone salieron a «comérselo crudo»

Un tiro en el palo, dos remates despejados en la línea y otro par que pasaron cerca, pero Sportivo sobrevivió en cero a una etapa inicial muy adversa. Casi no tuvo la pelota y no hizo pie en el medio, aunque logró salir indemne.

Grittoni metió mano al entretiempo: recambio en el medio y sacó un defensor para meter un creador de juego. Y la cosa cambió, el «Cholo» fue más a la lucha y los de negro ya no la tuvieron tan cómoda.

Un detalle no menor: al ser iguales las camisetas los europeos salieron con remeras negras y los argentinos con blancas, el rojo solo estuvo en las mangas.

Sportivo empezó a crecer, avisó con un par de contragolpes mientras se cerraba atrás y obligaba al abuso del pelotazo del team de Simeone. El trámite era aburrido, el partido espantoso: a pedir del elenco sudamericano, hasta que…

Sí, una mala salida europea originó una rápida contra, el delantero ingresó rápidamente al área y el 2 madrileño se lo llevó puesto. Y el árbitro coreano Lee hizo lo correcto. Penal para Sportivo.

Uriel Ávila tomó la pelota, respiró hondo y ejecutó bien fuerte a la derecha. El arquero no llegó y a gritarlo como loco, y a resistir los pocos minutos que quedaban, hasta que el chino alzó los brazos al cielo y con un fuerte silbatazo le anunció al mundo que Sportivo Penal era su dueño.

Las postales del presidente Ávila levantando el trofeo y su hijo la llave gigante a la figura del match dieron la vuelta al mundo. Con Grittoni emocionado y un plantel delirando de alegría, el mundo se detuvo con la canción del final «Porque este año/ desde Pompeya/ desde Pompeya/ salió el nuevo penal».

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